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Mitología: Quirón, el centauro herido - CUANDO EL DOLOR TE VUELVE MÁS SABIO




Las historias y leyendas que conforman la mitología griega nos hablan del alma humana, de sus temores, anhelos, de sus luchas y pasiones; de todas las emociones que nos son propias y que circulan por nuestro sistema.

Entre ellas, una que toca muy de cerca a psicólogos, psicoterapeutas, médicos y otros profesionales dedicados a recobrar la salud física o emocional, es la de Quirón, el centauro sabio que recuerda la importancia de la generosidad, pero - al mismo tiempo - la de saber pedir ayuda cuando se hace necesario.

No es casualidad que la palabra quirófano venga de Quirón!

Cuenta la historia que el titán Cronos se enamoró perdidamente de la ninfa Filira (hija a su vez de los titanes Océano y Tetis), y que ante su acoso obsesivo, la ninfa pidió al hijo de aquel, el dios olímpico Zeus, que la convirtiera en yegua (un truco que aprendió de Deméter, la madre de los demás centauros) para así disuadirle de sus intenciones, pero - percatado de su acción - este se convirtió en un caballo para poseerla.

De esta unión nació Quirón, mitad con forma de hombre, mitad con la de caballo.

La madre, al ver el fruto de su vientre, y después de un tortuoso parto, le pidió a Zeus que la convirtiese en un árbol de tilo, para así no tener que amamantar a semejante criatura.

Así, a la sombra de este árbol y adoptado por Apolo y Atenea - personificaciones de la razón y el logos - fue criado y educado, razón por la cual no se parecía en nada su carácter al del resto de los belicosos centauros.

Así vivió, prácticamente en soledad, refugiado en la cueva que lo vio nacer, estudiando diversas artes y desarrollando muchos conocimientos.

Fue astrólogo, matemático, experto cazador y maestro de armas, músico, filósofo y sabio de gran renombre.

Tal era su valía, que la mayoría de los hijos de los dioses lo tuvieron por maestro y tutor, como así también los grandes héroes, como Aquiles y Eneas.

Todos oyeron sus consejos y se dejaron guiar por su ejemplo.

Pero también un día, Quirón fue herido accidentalmente por una flecha envenenada con la sangre de la Hidra, que había disparado Heracles (Hércules) - otro de sus más fieles amigos -, en lucha con los demás centauros.

Quirón quedó lastimado en una de sus patas.

A esta herida es que sumará el dolor de haber sido abandonado por su madre, y ante este sufrimiento se irá abriendo aun más a los demás, en la búsqueda del alivio necesario para sus males.

Se transformó en maestro en el arte de curar, ya que experimentó con cada cosa que existía, tanto en el cielo como en la tierra, con el fin de conseguir una cura, y trasladó más tarde dicho conocimiento a otro de sus discípulos, llamado Asclepios, más conocido como Esculapio, 'Padre de la ciencia médica'  según los griegos.

Aunque la de él continuara abierta, en ese transitar se fue impregnando de saberes que le servirían para curar las heridas de los otros.

Por eso Quirón conoce el dolor y sufrimiento profundos, sabe de heridas del cuerpo y el alma, y este hecho le acerca al sufrimiento de todos, otorgándole la sabiduría que proporciona el conocimiento y la aceptación de los propios pesares.

Se convierte en el curador herido, el que tiene la capacidad para sanar los sufrimientos de los demás, aunque no pueda sanar los propios.

Porque Quirón era inmortal, así que estaba condenado al dolor eterno.

Podría haberse amargado, lamentándose para siempre.

También podría haber dirigido su dolor y su rabia contra los que se cruzara.

Pero en vez de ello, aprendió mucho más sobre su naturaleza, convirtiéndose en el más grande de los sanadores de la mitología griega.

 Al ver el sufrimiento de su amigo y maestro, Hércules se propuso hallar la forma de liberarle.

Así se encontró con Prometeo, un Titán encadenado al Cáucaso por Zeus, como castigo por haber dado el fuego a los hombres.

Cada día, un águila devoraría sus entrañas, que luego volverían a crecer, así hasta que alguien se apiadase de él y aceptase morir en su lugar.

Quirón fue quien lo hizo, muriendo y liberando a Prometeo de semejante castigo, y liberándose del propio.

Como recompensa por sus actos, Zeus lo colocó en los cielos como la constelación de Sagitario, aunque otras fuentes hacen referencia a la constelación del Centauro.

Así esta historia nos ilustra el arquetipo del sanador herido, puesto que todo sanador es también un paciente.

Representa las cosas que podemos hacer muy bien por nuestros congéneres, pero que no somos capaces de hacer por nosotros mismos.

También las cualidades que otros perciben muy bien en nosotros, pero que nosotros no reconocemos, pese a lo mucho que podamos necesitarlas.

Nos permite ver parte del juego divino donde encontramos sanación al recurrir a otras personas, pues no somos totalmente autosuficientes.

Y asimismo que muchas cosas que en un primer momento no podemos dejar de ver como desgracias, podrían ser, en última instancia, nuestro mayor regalo...





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mitología asociada en
TAROT DE MáXIMO
fuente: artículo de Francisco Aguirre publicado
en Ayuda Psicológica (psicologos.mx) y otros
imagen: Chiron por GaudiBuendia
(deviantart.com)




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