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Información: La íntima relación entre el Tarot y la Biblia - LA VERDAD NOS HACE LIBRES




Es muy común escuchar a pastores y a sacerdotes predicar contra el uso del Tarot y de otros sistemas de adivinación, afirmando que su uso es 'contrario a la Ley de Dios', tal como supuestamente está expuesto en la Biblia, y que por lo tanto es una práctica pecaminosa y supersticiosa, de un claro origen pagano.

Pero en realidad el mismo no tiene nada de pecaminoso ni de supersticioso, sino que - contrariamente al parecer de algunas iglesias -, posee una base directa e indirecta en los textos bíblicos, además de que como se verá, determinados tipos de adivinación son prácticas sanas, que hasta los profetas de Israel, los sacerdotes judíos y los apóstoles de Jesucristo utilizaron en tiempos primitivos.

Respecto de los Arcanos Menores sólo diremos de paso que esas 56 cartas se organizan en cuatro series de catorce cartas, relacionadas con los cuatro elementos: 14 cartas de oros que corresponden al elemento tierra, 14 cartas de bastos que corresponden al elemento fuego, 14 cartas de copas que corresponden al elemento agua, y 14 cartas de espadas que corresponden al elemento aire (14 X 4 = 56).

La idea de los cuatro elementos del universo, y del espíritu de esos cuatro elementos, es doctrina bíblica, presente en las visiones del profeta Ezequiel (cap. 1,10 y cap. 10,14) y en las visiones del Apóstol San Juan en el Apocalipsis (cap. 4,7), relacionando al fuego con el león, al becerro o el toro con la tierra, al Águila con el aire y al hombre angélico con el agua.

En el cap. 10,14 de Ezequiel, se ve un querubín que reemplaza al becerro o al toro.

Pero la iconografía antigua dice que el querubín es un Toro Alado, por lo tanto se conserva la idea del toro vinculado al elemento tierra.

También el número 14 es sagrado según el capítulo uno del Evangelio de San Mateo, como el 78, que es el total de las cartas del Tarot completo, pues el número 26 es el valor gemátrico (*) del nombre de Yahvé elevado a tres, número de la Santísima Trinidad: Tres por veintiséis = setenta y ocho!

El nombre de Dios en hebreo es el famoso Tetragrámaton o Yahvé, o el Nombre de Cuatro Letras: Yod= 10 , He= 5 , Vau= 6 , He= 5 ; sumados los valores de las cuatro letras 10+5+6+5 = 26.

Por lo tanto la estructura general externa del Tarot es de origen cabalístico, y por lo mismo - como la Kabbalah es la doctrina esotérica de la Biblia - de inspiración judeocristiana y bíblica.

Y hay más, considerando que los Arcanos Mayores son 22 y no veintitrés ni veintiuno, reflejan perfectamente a las 22 letras del alfabeto Hebreo y a los 22 capítulos del Apocalipsis, el libro Arcano y Profético por excelencia de la Sagrada Escritura.

Con este análisis meramente externo del asunto ya se demuestra la existencia de un gran prejuicio y una dosis tremenda de ignorancia por parte de sus críticos, pues no se han detenido siquiera a hacer un mero análisis superficial de este juego de cartas, que de juego no tiene nada.

Rompamos la secuencia numérica de los arcanos mayores y empecemos con una carta que asusta a muchos, LA MUERTE, en versión de Marsella, la para muchos versión original del tarot.

Se nos muestra a un esqueleto humano que sostiene una guadaña en sus manos.

La hoja cortante de la guadaña está a ras de tierra, y cerca se perciben unas manos cortadas y una cabeza coronada y cortada junto a unos pies humanos también rebanados.

Es la carta número 13.

En el segundo libro de los Reyes del Antiguo Testamento, se describe lo que quedó del cadáver de la malvada reina Jezabel, esposa de Acab, al cumplirse una profecía de Elías como juicio o castigo de Dios contra ella, por sus muchos pecados.

Veamos el 2° Libro de Reyes, cap. 9 vers. 35 y 36, donde dice:

- Pero cuando fueron para sepultarla no hallaron en ella más que la calavera, y los pies y las palmas de las manos -.

También la guadaña o bieldo o la hoz aguda para segar la tierra, aparece en el Nuevo Testamento en varios lugares.

Pero el texto principal está en Apocalipsis, cap. 14, vers. 14 al 20.

Por lo tanto, la carta 13 del Tarot ES BÍBLICA, con todo rigor.

Nos abstendremos de analizar el aspecto numerológico de esta misma lámina 13, que podría ser muy interesante, para ir a analizar otras cartas.

EL MAGO, la carta n° 1, es un hombre que tiene una varita mágica o cetro de poder en su mano izquierda, alzada hacia el cielo, en un gesto que insinúa buscar apoyo celeste o divino para hacer su acto de prestidigitación o de magia, con los elementos que tiene sobre la mesita, la cual tiene solo tres patas.

Cuatro lados y tres patas, una clásica conjunción de siete elementos.

El gesto de elevar la vara de poder al cielo para precipitar el poder divino del cielo lo realiza Moisés en varios momentos de su existencia, como taumaturgo (mago) conductor del pueblo de Israel.

Para abrir las aguas del mar rojo invocó a Dios, levantando su vara, y el Señor envió al viento para que lo hiciera, y las aguas se abrieron.

Pero aunque esos gestos no están claramente descritos en las santas escrituras, sí existe una narración en que esa vara en alto fue decisiva en una batalla de Israel contra los Amalecitas (Éxodo 17, vers. 8 al 13).

Y también en el acto milagroso de sacar agua de la roca en pleno desierto. (Éxodo 17, vers.5-6).

La carta número 12, EL COLGADO, describe a un hombre cabeza abajo de una pierna atada a un travesaño horizontal.

Y la pierna que no está atada forma una cruz atravesada sobre la pierna vertical.

Es una forma particular de ser crucificado que se usó entre los romanos contra los cristianos.

Alude a la crucifixión de Jesús, la de San Pedro, cabeza abajo, y la de muchos otros mártires ajusticiados del mismo modo.

En algunas láminas se caen al suelo monedas de oro de los bolsillos del hombre.

La chaqueta tiene siete botones, tres bajo la cintura y cuatro sobre la cintura.

Es una clara relación de la conjunción del 4 con el 3 formando un 7 que ya se mencionó respecto del  Mago.

Esas monedas de oro que caen a tierra perfectamente se pueden relacionar con la sangre de Cristo que cae al suelo para la salvación del mundo.

Y con aquellos versículos de la 2° carta de San Pablo a los Corintios, en que se dice que Cristo, siendo rico se despojó a sí mismo y se hizo pobre por amor a nosotros (Segunda Epístola a los Corintios, cap. 8, v. 9).

Aprendamos, pues a mirar las láminas del Tarot con ojos limpios de ideas preconcebidas y aprendamos de sus símbolos.

Parte de lo que ya se ha dicho acerca de los cuatro elementos en la Biblia - en Ezequiel y en el Apocalipsis de San Juan - se aplica también a la carta 21, EL MUNDO, donde los tres animales y el ángel miran hacia una figura central semidesnuda.

En el capítulo 4 del mismo libro de Juan ya mencionado,  esos cuatro seres rodean y miran hacia el trono de Dios.

Por lo tanto esa mujer es lo que teólogos y herméticos denominan como Anima Mundi, o Dios mismo como inmanente al mundo.

Esta Anima Mundi o Alma Universal tiene dos cetros de poder en las manos, recordando que Cristo ha recibido toda potestad de los cielos y de la tierra.

Es decir, los poderes de Arriba y los poderes de Abajo.

Dos poderes, dos cetros.

Cristo y el Alma Universal son uno.

Existen textos del Antiguo Testamento que dicen que Yahvé es Dios de Arriba y de Abajo, Dios de las Montañas y de los Valles, Dios del Cielo y de la tierra (Ver Génesis 49,25 ; y Deuteronomio 33, 13 al 16 así como el Primer libro de Reyes 20,28).

La carta número once, LA FUERZA, muestra a una mujer dominando a un león a manos limpias, sin armas.

A primera vista se trata de una ninfa de los bosques de la tradición griega llamada Cirene, que luchaba con leones y los derrotaba sin armas, cosa que llamó la atención del Dios Apolo, el cual atrajo a la ninfa hacia él y se casó con ella, llevándosela al Olimpo.

Sólo que en la Biblia tenemos un ejemplo idéntico de un hombre que luchaba con leones a mano limpia, llamado en español Sansón (Libro de los Jueces, cap. 13 al 16), pero que en hebreo se nombra Shamashon, u 'Hombre Solar'.

Apolo es el Dios Sol, por lo tanto existe un vínculo entre Sansón, famoso por su Fuerza, y Apolo y Cirene.

Apolo es lo mismo que Shemesh o Shamash , o el sol divino, y de él viene la fuerza.

Los rayos del sol son los cabellos de Sansón.

Cortarlos es hacer que el sol pierda su fuerza.

Hacer crecer los cabellos es aumentar la fuerza del sol.

Cirene la ninfa es una consagrada al servicio de Apolo, Sansón es un nazareo, un consagrado al servicio de Yahvé.

Para entender la carta once hay que saber Biblia y mitología, dos formas en que la verdad eterna puede llegar al alma de los hombres con su mensaje salvífico e iluminador.

Veamos otro caso, el de la carta número cuatro, EL EMPERADOR.

Ella muestra a un hombre sentado en un trono, con un cetro vertical en la mano derecha, los pies en cruz, cabellos blancos y corona de oro.

Un águila grabada sobre un escudo dorado al lado del trono.

Por todos lados es la imagen de un emperador cristiano medieval.

Pero el cabello blanco como la nieve es uno de los atributos de la descripción de Jesús en su gloria divina, según narra el Apocalipsis (cap. 1,14) , a  lo que se agrega que el mismo Cristo está sentado en el trono de su Padre (Apocalipsis 3,21).

Y además, el famoso libro de las Revelaciones de Juan (otro nombre del Apocalipsis) afirma que El Verbo de Dios o Cristo es Rey de Reyes y Señor de Señores.

Es decir, justo lo que se define técnicamente como un Emperador, en este caso, montado en un caballo blanco(Capitulo 19 del Apocalipsis).

Y la lámina lo refuerza con las piernas en cruz, es decir que se trata de un emperador crucificado.

El águila imperial del escudo está tomada de la mitología griega, pues Zeus tiene como ave simbólica al águila.

Y se le llama el ave de Zeus Pantokrator, Dios Omnipotente.

Justamente el Apocalipsis aplica nueve veces el nombre de Pantokrator a Jesús Dios Todopoderoso, Verbo de Dios Creador, Señor de la Historia, juez de vivos y muertos.

La carta de EL DIABLO - número 15 de la serie - tiene una imagen no bíblica de Satanás, pues en las sagradas escrituras el demonio o Satanás está representado sólo por la llamada Serpiente Antigua.

En este caso el diablo es más bien una representación de un fauno, o del dios Pan, como en los ambientes cristianos medievales se presentaba al 'Diávolo'.

El vínculo con la Biblia, además de la idea general ya mencionada, lo hacen las cadenas o cuerdas que atan al hombre y a la mujer en la lámina.

Son dos prisioneros del Diablo y del Pecado.

Jesús mismo enseña que el pecado es una forma de esclavitud en el Evangelio de San Juan, 8,34.

Y en el mismo capítulo afirma que los judíos adversarios de su misión son Hijos del Diablo, y que si creyeran en Él, los libertaría de las cadenas del pecado.

Esa liberación significa también librarse del control del Diablo en sus vidas.

Por lo tanto, la lámina 15 del Diablo es cristiana en lo histórico, y bíblica en su doctrina.

En el Antiguo Testamento muchas veces los profetas dijeron que Yahvé tenía la espada de la Justicia alzada sobre Israel para castigarlo por sus pecados, o sobre los otros pueblos que querían sojuzgar a Israel.

Por lo tanto, como la carta número 8 - LA JUSTICIA - tiene una espada alzada hacia lo alto, expresa la misma idea de los profetas antiguos.

Aquí se trata de una justicia personificada en una mujer, igual como se identifica en ambientes católicos a La Providencia, o como el Libro de los Proverbios (capítulo 8) SE personifica a la Sabiduría de Dios.

La misma figura de la Sofía - o eterna sabiduría de Proverbios 8 - se puede aplicar a la mujer de los dos cetros de la lámina 21, El Mundo.

Los teólogos como Filón de Alejandría y varios padres de la iglesia dijeron que esa mujer de sabiduría eterna es lo mismo que el Verbo de Dios, o el Logos, la Palabra Creadora o el Cristo Dios, como ya se dijo antes, al explicar la Carta el Mundo y el Anima Mundi.

Y no debería sorprendernos la posibilidad que la carta de la justicia recibiera el número 8 de la serie de los 22 arcanos en homenaje a esa Sabiduría - hija amada existente desde antes del universo -, del capítulo 8 - exactamente el octavo - del libro de los Proverbios.

Incluso el versículo 20 de ese capítulo 8 del libro de Proverbios dice que Ella, la Sabiduría Divina, guiará a los hombres  ' por medio de la justicia'.

 El Arcano 8, por lo tanto, también es bíblico!

Estas personificaciones femeninas de aspectos o atributos de la Divinidad también pueden aplicarse a LA SACERDOTISA, LA ESTRELLA, y a LA EMPERATRIZ, recordando que en Israel hubo mujeres videntes o profetizas, como Débora, Hulda, y Myriam, hermana de Aarón y Moisés.

Y José, en Egipto, se casó con la hija de un sumo sacerdote de On - o Ra -.

De esa mujer (una cuasi-sacerdotisa) nacieron Efraím y Manases.

Esos dos hijos de José fueron las cabezas de otras dos tribus de Israel, por adopción de Jacob antes de morir.

LA RUEDA DE LA FORTUNA, o carta número 10 del Tarot, es una mezcla de simbolismos, que incluye tanto la Espada de la Justicia, ya mencionada, hasta una esfinge, un perro y un mono.

La rueda, como símbolo central, no es ajena a la Biblia.

En la carta del Apóstol Santiago (cap. 3, vers. 6) se enseña que la lengua, o las malas palabras, puede contaminar todo el cuerpo con sus pecados 'e inflamar la Rueda de la Creación'.

La esfinge, como un extraño personaje en esta composición, está por encima de esta rueda, no la toca, sino que sólo la mira con su espada en la mano, impertérrita, inamovible, eterna.

Y justamente, esta lejanía de aquello que gira y se mueve en la creación, nos permite vincular a la esfinge con la Divinidad misma, pues el mismo Apóstol Santiago, en la misma carta ya indicada, cuando en su cap. 1 vers. 17 dice:

- Toda buena dádiva, todo don perfecto, desciende desde lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación -.

La rueda de la creación siempre se mueve, varía, cambia, deviene de ciclo en ciclo, pero por encima de ella está el Juez inmutable, el eterno Dios sumido en su misterio esencial.

He allí la esfinge, que con su actitud silenciosa, contempla el paso de los siglos tal como Dios nos observa.

El bien y el mal giran junto a la Rueda de la Creación, dando buenos y malos tiempos a los hombres.

Pero el Juez eterno siempre está atento y registra en su memoria infinita los hechos de los hombres y los juzga, tanto dentro como fuera del tiempo movedizo.

La carta diez, por tanto, es bíblica y teológica!

En la Biblia, en especial en el Antiguo Testamento, y Cristo en su segunda venida, Dios es representado como un gran rey guerrero que combate invisible junto a los hombres en la lucha contra las fuerzas de las tinieblas.

Ese simbolismo no es ajeno al significado de la séptima carta del Tarot, EL CARRO.

Por eso es la séptima, pues el 7 es el número de la Divinidad por excelencia.

Dios mismo, como Dios inmanente y Señor de la Historia, como Yahvé Tzabaot, es decir, como Señor de los Ejércitos, está representado en esa carta.

La carta n° 5 , EL HIEROFANTE O SUMO SACERDOTE, es también de clara inspiración cristiana y bíblica.

Primero porque representa a simple vista al sucesor de san Pedro, al Papa de Roma, o al Vicario de Cristo en la Tierra, el cual por estar entre dos columnas se nos presenta como un guardián del portal hacia el templo invisible de la divinidad.

El Evangelio de Mateo 16,19 dice que Pedro recibió las llaves del Reino de los Cielos, y el sucesor hereda el cargo a través de los siglos, tal como lo hace en el budismo tibetano el Dalai lama y el Patchen lama, y también los Sankaracharyas de la Orden de los Swamis de la India.

La carta 17, LA ESTRELLA, que nos muestra a ocho grandes estrellas en el cielo, y a una mujer desnuda con una rodilla en tierra, vaciando sendos jarros de agua en la tierra y en un rio, es digna de un profundo análisis por su vinculación con la Biblia.

En primer lugar debe entenderse que esas ocho estrellas - o siete en torno de una grande de ocho rayos -, es la constelación de Las Pléyades, que se compone de ocho estrellas visibles a simple vista - cerca de la constelación de Tauro -, y que se nombran en todos los libros sagrados del mundo, excepto en el Corán.

En particular, la Biblia las menciona TRES veces: Dos veces en Job. (9,9 y 38,31) y una vez en Amos. (5,8).

Pero el texto del profeta Amos vincula a Las Pléyades y al derrame de aguas en el mundo en el mismo versículo.

Dice, a la letra:

 - Buscad al que hace a Las Pléyades y al Orión, vuelve las tinieblas en mañana , y hace oscurecer al día en noche, al que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra. Yahvé es su nombre -.

Es precisamente lo que está haciendo la mujer de la lámina 17, derramar aguas en la tierra para mantener funcionando el fluir de la vida en el mundo!

Por lo tanto, otra vez nos encontramos con la mujer como Sabiduría Creadora, gobernando el universo, el cielo y la tierra.

Otra vez el Anima Mundi o el Verbo Creador y vivificante de la tierra y de las almas de los hombres.

Y el énfasis en el número ocho es porque en el libro de los Proverbios capítulo 8 se menciona a esta mujer, personificación de la sabiduría trascendente del Creador, existente desde antes que el mundo existiera.

Cerrando este análisis, examinaremos una carta interesantísima.

Se trata de la número 20, EL JUICIO.

En ella aparece un ángel con una trompeta rodeado por una nube, llamando a las almas de los hombres a la resurrección y al juicio de Dios.

Y agrega a personas desnudas que se alzan desde las tumbas, en respuesta al llamado de la trompeta celestial.

Precisamente, esta naipe es la descripción exacta de dos versículos de las sendas cartas de San Pablo.

En la Primera de Corintios - capítulo 15, vers. 52 - dice a la letra:

- En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al final de la trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados -.

Y en la Primera carta a los Tesalonicenses, capítulo 4, vers. 16 dice, a la letra:

- Porque el señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero -.

Por lo tanto, el que dibujó la carta número 20, estaba mirando exactamente los dos versículos de Pablo, como un buen y fiel cristiano, y no como un pagano!

Los describió exactamente, tal como un profesor de religión de escuela dominical lo hace frente a los niños.

En síntesis, el espíritu o la esencia del Tarot es rigurosamente bíblico, y en lo que pareciera no serlo, es rigurosamente alegórico, tal como lo es el lenguaje de la misma Biblia, y el del propio Cristo cuando habla en parábolas ante las multitudes.

No se debe tener prejuicios en contra de la Adivinación Sagrada que busca descubrir la Voluntad de Dios, en ausencia de signos directos del Señor, como visiones y sueños hiperlúcidos, pues hasta los Apóstoles de Jesucristo usaron de la adivinación y de la oración conjunta para elegir entre dos hombres justos, al que debía ser el sucesor de Judas Iscariote, y así completar el número de doce patriarcas del Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia cristiana.

Así salió elegido Matías, según narran Los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 versículo 26.

Si ellos usaron de ella, por qué nosotros no?

El Tarot contiene la quintaesencia de la Biblia, y una consulta efectuada con espíritu religioso no tiene por qué tener vinculación con el Pecado, si, además, la intención del operador y del consultante es averiguar el santo propósito de Dios, o la Verdad de Dios para el consultante.

Los que crearon el Tarot eran hombres piadosos, expertos en la Biblia, la Sana doctrina de Cristo, y su intención primera era enseñar las virtudes al modo catequético de la época medieval.

El Tarot ES UNA UNIDAD, UN TODO INVIDISIBLE, TAL COMO DIOS MISMO LO ES...







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información sobre el Tarot en
TAROT DE MáXIMO
fuente: Origen biblico y cristiano de los Arcanos Mayores del Tarot
Fernando Edmundo del Cármen Laredo Cárter (monografias.com)


(*) Nota:

La Gematría es un método y una metátesis (alternación del orden de las letras en una palabra) que depende del hecho de que cada carácter hebreo tiene un valor numérico.

Cuando la suma de los números de los caracteres que componen una palabra daba el mismo resultado que la suma de los caracteres de otra palabra, que sin embargo no era la misma, se percibía una analogía entre ellas y se considera que deberían tener necesariamente una conexión.







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