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Fórmula esotérica: Del jardín zen - FUENTE DE ILUMINACIÓN




Los jardines secos, de piedras rastrilladas en lugar de vegetación - o con apenas vegetación -, y hasta capaces de evocar un paisaje lunar, son lo que reconocemos como jardines zen.

Son espacios para la meditación en los que la grava parece congelar el momento en que la piedra cae al agua, y - por lo tanto - consigue una imagen inusitada.

Tan imposible como el trabajo de un jardinero exquisito que, rastrillo en mano, trabaja descalzo para evitar dejar huellas.

Con tanto cuidado que su labor se intuye sin hacer ruido.

Entre los jardines zen de Kioto, Ryoan-ji es el más famoso.

Tiene apenas 23 x 10 metros y data del siglo X.

En él son legendarias sus 15 grandes rocas, en ocasiones rodeadas de musgo, de las que, se ponga uno donde se ponga, sólo se pueden ver 14.

El 15 es equivalente, en el budismo, a la perfección de nuestro 10.

Por eso en ese jardín es complicado alcanzarla.

No hay que mirar sólo con los ojos para alcanzar la iluminación!

Contemplar un jardín zen es adentrarse en un mundo sorprendente de belleza y tranquilidad.

Plantas, agua, luces, arena, piedras... cada parte es esencial para componerlo, y todo tiene su significado.

Dependiendo del espacio disponible se pueden realizar grandes composiciones en las que no deben faltar piedras o rocas que simulen ser montañas, arena o grava, que se rastrilla en forma de ondas, para evocar la caída de una gota imaginaria.

Y el bambú, muy importante por su vivo color verde, y por el agradable sonido cuando el viento golpea sus cañas y hace sonar su música.

Asimismo, no está de más colocar también varios puntos de luz y - si el espacio lo permite -, incluir un rastrillo.

Conviene en primer lugar dibujar la idea sobre un papel.

Además, es necesario disponer de un recinto de unos 15 centímetros de profundidad, donde colocar la arena o gravilla, y esparcirla con el rastrillo uniformemente.

Un puente resulta el broche de oro de la composición, y si se introduce un arroyo, su construcción se efectuará antes de crear el jardín e nsí, para evitar contratiempos.

Y en cuanto a las plantas - además del bambú - se ha de tener en cuenta que, aunque alegren el paisaje, si se recarga mucho el espacio con ellas se puede perder el centro de atención.

Por ello las más utilizadas son las acuáticas, como los nenúfares, o las flores de loto, que son más deseabes por el suave color de sus flores.

También son idóneos el abeto de Corea, un cerezo, o una magnolia en flor.

Por su cambio de colores, un arce es perfecto para admirar el contraste de las estaciones, y un bonsái siempre aportará una energía muy especial, haciendo al ambiente aún más acogedor...






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TAROT DE MáXIMO
fuente: artículos La enseñanza de un jardín zen, por Anatxu
Zabalbeascoa para El País (blogs.elpais.com) y La magia de
un jardín zen (gardencenterejea.com)





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