El nivel de energía de cada ser depende de tres factores fundamentales: La cantidad con la que fue concebido, la manera en que la incrementó o disminuyó a lo largo de su vida, y la manera en que la usa en su momento presente.
Al nacer cada ser humano tiene determinadas características que heredó de sus antecesores, básicamente de sus padres aunque la herencia viene de hecho de más atrás, incluyendo a los padres de los padres y así cada vez más atrás.
Esto es así no sólo en lo que se refiere a los rasgos físicos, biológicos y fisiológicos, sino también en lo que se refiere a la energía.
Los padres nos dan no sólo una herencia biológica, sino también una herencia energética.
Si la persona es concebida con un alto grado de pasión (de esos amores medio salvajes de 'atrás de la puerta') los padres le ceden una gran cantidad de energía, y la persona nace fuerte.
Si por el contrario, es concebida en un alto grado de 'civilización', quizá con muchos años de matrimonio, la televisión encendida, o producto de una acto sexual 'aburrido', su nivel de energía al nacer será sumamente bajo.
Pero afortunadamente, nuestra herencia energética no es el único factor que a nivel de energía determina nuestra experiencia de vida, sino que esta se verá afectada también por la forma en que utilizamos dicha herencia, sea cuantiosa o exigua.
Así, alguien que tiene un bajo nivel de energía, pero que la utiliza de manera óptima, estará seguramente en mejor situación que alguien que tiene mucha energía superflua y fuera de control.
En el primer caso, el que nació con poca energía pero trabaja por utilizarla adecuadamente (quitando importancia a aquello que no la tiene desde un punto de vista trascendental) necesariamente la incrementa.
En el segundo caso tendríamos a las personas que habiendo nacido con mucha energía, la han aplicado sólo a satisfacer sus caprichos e importancia personal, lo que naturalmente va desgastando poco a poco ese nivel.
Son el tipo de personas que fácilmente se sale con la suya sin tener que esforzarse mucho, o aquellas que manipulan con facilidad a quienes los rodean, sin dar nada a cambio.
O sea que suelen ser queridos, pero no quieren.
La misma facilidad para cumplir sus deseos los lleva a ser flojos y débiles.
Amos de los demás, pero esclavos de sus propias debilidades.
Así que aunque la condición ideal es mucha energía y perfecto control y sobriedad, en la práctica aporta más el trabajo que el talento.
A continuación algunos indicadores que nos pueden decir con cuánta energía nacimos teniendo en cuenta cómo hemos sido de niños, como para tener una base desde la cual comenzar a trabajar.
Daré sólo algunos ejemplos que, por supuesto, son lineamientos generales que no necesariamente se deberán cumplir siempre al pié de la letra.
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MUCHA ENERGÍA
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- Niño inquieto, curioso, investiga, inventa sus propios juegos.
- Niño popular, los otros niños lo siguen.
- Niño independiente, no cree necesitar permiso para actuar.
- Lo desconocido no lo asusta, lo atrae.
- Adolescente realizador, involucrado en sus propios proyectos.
- Precoz para el amor.
- Aprende pronto a ganar dinero.
- Popular entre sus amigos y el sexo opuesto.
- Buena salud.
- Se va joven de la casa paterna.
- Buena suerte.
- Suele tener éxito.
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POCA ENERGÍA
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- Niño tímido, para todo pide permiso.
- No se separa de mamá.
- Todo le da miedo.
- Suele seguir a otros niños.
- Enfermizo.
- Adolescente flojo.
- Piensa mucho, hace poco.
- Poco éxito con el sexo opuesto o el propio.
- Nunca se va de casa, hay que correrlo.
- Tarda en tener su primer trabajo.
- Orientado al fracaso.
- Mala suerte...
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TAROT DE MáXIMO
fuente: Las enseñanzas
de don Carlos (Víctor Sánchez)

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