- Cuando Jesús nació en Belén de Judea, en días del Rey Herodes, vinieron de Oriente a Jerusalén unos magos... - San Mateo 2, 1:2.
Como se puede ver en el citado versículo, la Biblia no lo aclara del todo, razón por la que muchos investigadores no coinciden en afirmar que los célebres señores que se presentaron ante el recién nacido Jesús eran reyes en realidad, aunque sí concuerdan en que estos 'magos de Oriente' llevaban - como ofrendas al divino niño - incienso, mirra y oro.
El oro es uno de los metales preciosos más costosos y codiciados, símbolo de lo supremo y sublime en Oriente, a tal punto que todo lo dorado y amarillo sólo era para uso imperial.
El mismo habría sido usado por la sagrada familia en su viaje hacia a Egipto, para escapar del cruel Herodes.
La mirra - sustancia rojiza resinosa aromática - era muy valorada en la antigüedad, tanto por tratarse de uno de los componentes para la elaboración de perfumes, incienso, ungüentos y medicinas, como para embalsamar a los muertos.
Se dice que fue guardada por María y usada para untar el cuerpo de Jesús luego de su crucifixión.
Y el incienso - del latín 'incensum' -, significa 'encender', y en el pasado los orientales lo usaban para adorar a sus deidades.
La palabra 'mago' proviene del antiguo vocablo elamita 'makuishti', que pasando por el persa 'maguusha' y por el acadio 'magushu' llegó al griego como 'mαγός', y de ahí al latín 'magi', de donde terminó en el español 'mago'.
El sentido original de la palabra 'mago' era para referirse a los integrantes de una tribu de Media, y luego a los sacerdotes astrólogos persas.
Así tenemos que mago es sinónimo de astrólogo, sabio y consejero.
Es decir que eso eran en realidad estos tres reyes en cuestión: Grandes sabios!
Pero sus nombres parecen arbitrarios y no son adoptados sino tardíamente, a través de lo que se expresa en el evangelio apócrifo de Santiago, redactado desde los siglos II a IV, que describe lo siguiente en 5, 10:
- Y los reyes magos eran tres hermanos: El primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes.
Habiéndose reunido por obediencia al mandato de Dios, se presentaron en Judea en el instante en que María había dado a luz.
Y, habiendo apresurado su marcha, se encontraron allí en el tiempo preciso del nacimiento de Jesús... -
Pero, según posteriores interpretaciones, también habría habido un cuarto mago, Artabán, cuya leyenda habría comenzado en base al personaje protagonista del cuento navideño The Other Wise Man (El Otro Hombre Sabio), escrito en 1896 por Henry Van Dyke (1852 – 1933), teólogo presbiteriano estadounidense.
Cuenta el relato que Artabán fue otro rey astrólogo que encaminó sus pasos hacia Occidente - siempre guiado por el mismo fulgurante mapa celestial -, en busca del niño Jesús, pero que llegó años más tarde por haberse detenido en el camino a ayudar a todo necesitado que encontraba a su paso, amoroso gesto que el propio mesías le habría agradecido antes de ser crucificado, momento en el que finalmente se encontraron.
Por último, la gran prueba de los conocimientos místicos de estos sabios ahora es documentada por los recientes descubrimientos arqueológicos que tratan sobre esa 'estrella' que los guiaba.
Esta curiosa y extraordinaria revelación se encuentra contenida en una antigua tablilla en la que se han acuñado caracteres cuneiformes.
Se trata de un auténtico documento astronómico y astrológico (entonces las dos disciplinas eran hermanas gemelas) que revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año VII a. C.
La triple conjunción - de los dos planetas en la constelación de Piscis - explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por los evangelios.
La misma, como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de Diciembre de ese año.
En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente.
La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio en Mt 2, 9, delante de ellos:
- Ellos, habiendo oído al Rey, se fueron, y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando se detuvo donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo...
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TAROT DE MáXIMO
imagen: The Three Wise Men
(Simon Dewey)

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