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Festividad conectada: El Carnaval y su 'lavado de carne' - LA FIESTA DE LOS LOCOS




En muchos lugares de la Europa medieval, al final del año, se celebraba una fiesta conocida como Fiesta de los Locos.

En ella, todos, desde los más piadosos sacerdotes hasta las gentes más serias, se colocaban máscaras obscenas, cantaban canciones desvergonzadas y se lanzaban al desenfreno y a la vorágine.

Los clérigos de órdenes menores, con los rostros pintarrajeados, se contoneaban vistiendo los trajes de sus superiores, y se burlaban de los pomposos rituales eclesiásticos y cortesanos.

Se elegía a un Rey de Burlas, o a un Señor del Desgobierno, o a un Niño Obispo, o a un Asno Oficiante para que celebrara una parodia de la Misa.

En esta festividad no había costumbre o convención, institución o personaje, real o eclesiástico, que no fuera ridiculizado y objeto de coplas.

Porque, qué significa la palabra Carnaval?

Dicen que viene de la palabra latina 'carnavale', formada por el sustantivo carnen (carne) y el verbo lavare (lavar).

Lavar la carne.

Esta acción - para entonces - se refería a cocer en agua caliente la carne, para que se desprendiera del hueso.

Así que, en última instancia, Carnaval significa quitar la carne, quitar la túnica de piel por ese efecto conjunto de agua y fuego.

- Y seréis pasados por agua y fuego - dijo Jesús.

Y de nuevo volvemos al Origen, al Paraíso.

Allí donde el Hombre-Espíritu aún participaba de la presencia del Gran Espíritu.

Fue después de haber comido del fruto del Árbol de la Ciencia que este contacto se rompió.

Ese fue su deseo.

Ahora, cubierto de carne, expulsado de su Origen, sometido al ciclo de las encarnaciones naturales regido por Saturno - la figura simbólica y arquetípica (y de sus fiestas, las Saturnalias, que son las consideradas como el verdadero y más antiguo origen de nuestros Carnavales) -, tiene que buscar con el sacrificio, purificándose con agua y fuego, su anterior vestido de luz, el que quedó prendido en un árbol, como el Vellocino o como la Rama Dorada.

Cuando lo consigue, restablece en su conciencia de nuevo el Origen y se ve ante la presencia del Padre, situándose a su derecha, como lo está su hermano el Cristo, ese Hijo de la Carne, ese Hijo del Hombre, que en un Gran Carnaval Cósmico se transformó de nuevo en un Hijo de Dios.

Por eso toda máscara es un velo, una ilusión, que oculta el rostro verdadero, pero a la vez es reveladora de ese rostro oculto.

Nuestra búsqueda del Origen es un intento de entender el papel que juega la máscara, el Carnaval en nuestra vida.

Se hace evidente que la fiesta nunca fuera muy popular en las altas esferas, y que surgieran constantes condenas contra ella.

Pero a pesar de la inquietud de los eclesiásticos y de su censura en el Concilio de Basilea de 1431, tal festividad sobrevivió hasta casi el siglo XVI.

La Reforma y la Contrarreforma la hicieron desaparecer poco a poco.

Las crónicas raramente lamentan su desaparición y tienen buena razón para ello, ya que como era habitual degeneraban en libertinaje y chocarrería.

Qué indica su casi aniquilación total?

En principio, que nuestra cultura no podía en aquel momento permitirse el lujo de ridiculizar periódicamente sus más sagradas convicciones religiosas y políticas.

Por otro lado, es la prueba de que se empezaba a contemplar los papeles sociales y las convenciones sagradas con ojos que no podían tolerar semejante sátira o mordaz parodia en la que los tontos eran Reyes, los monaguillos Obispos y el más elevado era el más bajo.

 Además, desenmascarar las intenciones de los poderosos siempre hace que su poder parezca menos irresistible.

La Fiesta de los Locos pone al descubierto el elemento de arbitrariedad existente en nuestras jerarquías sociales y nos capacita para ver que las cosas no tienen por que ser necesariamente como de hecho creemos que son.

Y no deja de ser curioso que el derecho divino de los reyes (como teoría política del poder real), la infalibilidad del Papa y el nacimiento de los entonces modernos estados totalitarios del Renacimiento, son especies que comienzan a florecer en el momento en que la Fiesta de los Locos inicia su desaparición.

Es el signo de los tiempos.

Desde entonces, el saber ha excluido al Loco de la sociedad.

A esta exclusión se le añadió una reclusión, y a partir del S. XIX se le enajena aún más con el saber del psiquiatra.

Así, el Loco, desde después del S. XVII, carece de lenguaje, de discurso, resulta ininteligible.

Por más de dos siglos, su palabra dejó de intranquilizar a ese,  nuestro mundo 'normal y racional'.

Pero he aquí que en el S. XVIII y XIX, en que la razón se eleva a la categoría de Diosa Razón, en ese punto en que su exclusión era más extrema, ese ser excluido y llevado a la reclusión, ese mero objeto de psiquiatra, comienza a hablar - con Goya, en su obra tenebrosa, con Sade, con Nietzsche - y empieza de nuevo a expresarse y a inquietarnos con su mensaje insólito.

Y lo que resulta más peligroso: es atentamente escuchado, entendido una vez más.

Por qué el Loco vuelve a la escena del Gran Teatro del Mundo, y así permanece hasta nuestros días, a través de esta fiesta de los carnavales?

Porque cuando un polo de la energía, el Saber como Razón, llega a su máxima expresión y potencial, automáticamente, bascula a su contrario, el No-Saber o Sin-Razón, aquello que suena a locura, y que es el lenguaje del Loco, en realidad el más inteligente de todos...









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festividades conectadas en
TAROT DE MáXIMO
fuente: El sentido mágico del Carnaval
(columna de Alfiar, para la Gazeta de Canarias, 1992)
imagen: 'Diablada' del Carnaval de Oruro (Bolivia)







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