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Elemento de poder: Las gárgolas - GUARDIANAS DEL BIEN Y RECORDATORIAS DEL MAL




Se asoman desafiantes en las cornisas de las grandes catedrales góticas.

Monstruos infernales, imágenes grotescas, muecas burlonas o animales dantescos.

Cualquier representación es buena si consigue su objetivo: custodiar el recinto sagrado de los embates del maligno.

Son las defensoras pétreas, depositarias del encargo divino...

Son las gárgolas!

Refiere la tradición oral francesa la existencia de un dragón llamado La Gargouille, descrito como un ser con cuello largo y reptilíneo, hocico delgado con potentes mandíbulas, cejas fuertes y alas membranosas, que vivía en una cueva próxima al río Sena.

La Gargouille se caracterizaba por sus malos modales: tragaba barcos, destruía todo aquello que se interponía en la trayectoria de su fiero aliento, y escupía demasiada agua, tanta que ocasionaba todo tipo de inundaciones.

Los habitantes del cercano Rouen intentaban aplacar sus accesos de mal humor con una ofrenda humana anual, consistente en un criminal que pagaba así sus culpas, si bien el dragón prefería doncellas.

En el año 600 el sacerdote cristiano Romanus llegó a Rouen dispuesto a pactar con el dragón, si los ciudadanos de esta localidad aceptaban ser bautizados y construían una iglesia dedicada al culto católico.

Equipado con el convicto anual y los atributos necesarios para un exorcismo – campana, libro, vela y cruz –, Romanus dominó al dragón con la sola señal de la cruz, transformándolo en una bestia dócil que consintió ser trasladada a la ciudad, atado con una simple cuerda.

La Gargouille fue quemado en la hoguera, excepción hecha de su boca y cuello que, acostumbrados al tórrido aliento de la fiera, se resistían a arder, en vista de lo cual se decidió montarlos sobre el ayuntamiento, como recordatorio de los malos momentos que había hecho pasar a los habitantes del lugar.

Esta curiosa leyenda, más encantadora que real, viene a explicar el origen de la palabra gárgola como sinónimo de escupir agua con facilidad, intención primigenia de las esculturas ubicadas en las cornisas de iglesias y catedrales medievales.

El concepto de una proyección decorativa a través de la cual el agua se expulsase del edificio era conocido desde la Antigüedad, siendo utilizado por egipcios, griegos, etruscos y romanos.

Mientras que los griegos tenían especial querencia por las cabezas de león, fueron los romanos los que utilizaron estos canalones decorativos con abundancia de motivos, tal y como lo demuestran los ejemplares de la ciudad de Pompeya, conservados intactos hasta la actualidad, merced a la capa de lava que los cubrió durante la erupción del Vesubio, en el primer siglo de nuestra era.

Pero las gárgolas siempre han sido algo más que una decoración funcional, si bien su significado profundo permanece aún sin determinar.

Entre las numerosas que pueblan los edificios medievales no se han podido encontrar dos iguales, demostración de la extraordinaria imaginación de sus constructores.

La documentación contemporánea a su elaboración ofrece muy poca ayuda en la resolución del enigma sobre su significado derivado, en gran medida, de la costumbre medieval por crear ambigüedad, lo que provoca y permite múltiples sentidos.

O sea que son muchas las explicaciones que se han intentado buscar, a lo largo de los siglos, para explicar el significado oculto de las gárgolas.

Pero de todas las explicaciones posibles, la más aceptada es aquella que nos habla de ellas como guardianes de la Iglesia, signos mágicos que mantienen alejado al diablo.

Esta interpretación puede indicar el porqué de tan espantosos aspectos, y su ubicación fuera del recinto sagrado, siendo las protectoras de la Iglesia.

Es la línea argumental seguida por Richard de Fournival, Obispo de Amiens en el siglo XIII, y autor de Roman d’Ablandane, donde cuenta cómo el maestro cantero Flocars hizo dos gárgolas de cobre, que situó en la puerta de entrada a la ciudad de Amiens, con la intención de que evaluaran las pretensiones de todo aquel que quisiera entrar en ella.

Si el individuo era malévolo, las gárgolas escupían un veneno sobre él que lo mataba; por el contrario, si era una buena persona, los guardianes se encargaban de escupir oro y plata.

Pero en otros casos, se ha dicho que son las almas condenadas por sus pecados, a las que se impide la entrada en la casa de Dios.

Esta podría ser una interpretación apropiada, especialmente, para las gárgolas más visibles y terroríficas, que pueden servir como ejemplo moralista de lo que puede ocurrirle a los pecadores, recordándole al cristiano la necesidad de seguir los preceptos religiosos si quiere escapar del infierno.

Así, muchas de las llamadas gárgolas grotescas parecen representar a dragones, diablos y demonios, símbolos del mal para el cristiano de la Edad Media.

El dragón fue el animal fantástico más reproducido por el arte medieval.

La palabra dragón deriva del sánscrito dric, que significa 'mirar', en referencia a la capacidad de este animal para destruir con sus ojos.

Mientras que otros, como el león, podían alternar su carácter maléfico y benéfico, según la representación que se considerase, el dragón siempre ha significado, dentro del arte occidental, maldad y destrucción.

De esta forma, muchas veces se ha representado al diablo como un dragón, y aquí volvemos a la idea proyectada por la leyenda antes referida.

Y aunque el arte medieval no predeterminó una representación fija del dragón, sí puede observarse en todos ellos la existencia de alas semejantes a las de un murciélago, animal asociado a la oscuridad y el caos.

Alas que, probablemente, a la vez indiquen el origen angélico del demonio.

Como es de sobra conocido, antes que Lucifer se revelase y fuera expulsado del paraíso, era el más bello de todos los ángeles.

Pero cuando cayó, toda su belleza se transformó en fealdad, cambiando su nombre por el de Satán, que significa 'adversario u oponente'.

Si uno es el diablo, Satán, muchos son los demonios, espíritus maléficos servidores del ángel caído.

Su representación en la iconografía medieval recoge todo lo que de repugnante y desagradable tenía la naturaleza: si Dios era el creador de todas las cosas bellas, su oponente, Satán, sólo podía representar lo feo, sórdido y despreciable.

Ciertas gárgolas muestran estas características, sólo atribuibles al demonio y sus servidores.

Si bien su apariencia externa es humana, poseen también numerosos signos 'demoníacos': los cuernos, las orejas puntiagudas, los colmillos, las barbas, las alas membranosas, la cola, los pies en forma de patas hendidas y desgarradoras, los cuerpos desprovistos de vello y el semblante amenazador.

Así, una gárgola con alguna de estas características - sino todas - era inmediatamente asociada al mal por parte de sus espectadores medievales.

La fisionomía polimórfica de estas era la expresión perfecta de la habilidad del demonio para transformarse, para presentarse ante el cristiano desprevenido bajo diversos disfraces.

Pero a su vez ello también ha contribuído a que se las termine considerando un símbolo de lo impredecible de la vida, al no representar ninguna nunca, alguna especie de animal conocida...





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elementos de poder en
TAROT DE MáXIMO
fuente: Escalofrío (escalofrio.com)
imagen: Gargoyle por Anne Stoke
(annestokes.com)




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